María Magdalena en forma penitente

María Magdalena la apóstol de apóstoles

La imagen que, durante siglos, se nos ha transmitido de María Magdalena ha sido la de una pecadora arrepentida, la de una prostituta de cuyo cuerpo Jesús expulsó siete demonios. Sin embargo, no existe ningún pasaje en los evangelios que identifiquen a la Magdalena como prostituta. La confusión proviene de una intencionada identificación de la Magdalena con la prostituta que, introduciéndose  en la casa del fariseo Simón, enjugó con sus lágrimas los pies de Jesús. Tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento, el número siete presenta un claro valor simbólico y no puede ser tomado en sentido literal. Así, en el Génesis, el mundo es creado en 7 días. Según los cristianos gnósticos, la creación Universal consta de 7 planos, regiones o  mundos. Bajo esta óptica, la alusión a los siete espíritus malignos expulsados del cuerpo de María cobran un sentido simbólico que apunta a los siete años o siete fases de purificación por las que pasaban los neófitos esenios (nazarenos) antes de alcanzar el grado  de “Hijos de la Luz”.

cuadro de María Magdalena
Georges de La Tour, Magdalena penitente de la lamparilla, 1642-1644.

Los evangelios muestran a María Magdalena en los momentos finales de Jesucristo, durante su crucifixión, y como primer testigo del milagro de su resurrección. En realidad, cuando los evangelios hablan de las mujeres, utilizan el término griego diakonein, cuya traducción vendría a ser “servidoras” o “administradoras”. Sin embargo, cuando aluden a María Magdalena usan el término griego koiononós, es decir “compañera”. Ello unido a que el Evangelio apócrifo de Felipe la designe como “aquella a quien Jesús más amaba y a quien besaba en la boca”  ha hecho sospechar, a no pocos estudiosos, que María Magdalena era, en realidad, la esposa de Jesús. Dejando de lado, al menos momentáneamente, este aspecto, lo cierto es que para los Padres de la iglesia de Oriente, María Magdalena fue el primer apóstol de Jesús y, tal como señalan diversas fuentes gnósticas y apócrifas, la  discípula a quien el Maestro reveló “Misterios” que no les fue dado al resto de los apóstoles, incluyendo a Pedro.

María Magdalena y las comunidades primitivas cristianas

   Los descubrimientos, en el siglo pasado, de nuevos manuscritos  del cristianismo nos permiten constatar que María Magdalena actuaría como líder de algunas de  las comunidades primitivas de carácter gnóstico.

María Magdalena predicando
Autor flamenco (activo 1480-1520), Santa María Magdalena predicando, 1515.20. Colección  John G. Johnson. Museo de arte de Filadelfia, Filadelfia.

Las comunidades gnósticas de influencia helenística eran mucho más abiertas, en todo lo que concernía al sexo femenino, que las estrictamente judías. Los gnósticos eran contrarios a la jerarquización en la que cayó, ya desde sus primeros tiempos, el cristianismo, defendiendo que solo a través de la gnosis, el  Conocimiento, se alcanzaba la unión con lo divino presente en cada ser humano y, de este modo, la verdadera liberación. Para los gnósticos, el mundo visible era una creación indirecta de la Segunda Sofía, la Sabiduría fuera de la plenitud del Pleroma —a través de un dios inferior o Demiurgo—. Por ello, un poema del libro Truena, mente perfecta,  dice:

Porque yo soy el  principio y el fin. Soy la honrada y la esclarecida. Soy la puta y la santa. Soy la esposa y la virgen… Soy la estéril, y muchos son sus hijos. Soy el silencio que es incomprensible… Soy la pronunciación de mi nombre.

El texto citado nos ofrece una interpretación simbólica de las diferentes  Marías que aparecen en los evangelios (la madre, la virgen, la prostituta y la esposa). De momento, baste señalar que la Iglesia Romana ha tenido buen cuidado en deformar la imagen de la Magdalena, pues su presencia entre los discípulos de Jesús atentaba, claramente, contra la marginación a la que ha sometido a la mujer, excluyéndola del sacerdocio y, con ello, del poder dentro de la Iglesia de Roma. 

La Magdalena en los evangelios canónicos

Los evangelios canónicos y, particularmente, los apócrifos, nos confrontan con el hecho de que algunos apóstoles —en concreto Pedro—, muestran una actitud claramente hostil ante el sexo femenino. Así, en el evangelio gnóstico Pistis Sophia, Pedro se queja de que María Magdalena captaba demasiado la atención de Jesús y pregunta a su maestro: «¿será que la prefieres a nosotros?». En el Evangelio de María —el único evangelio escrito por una mujer— Pedro se muestra igualmente celoso de que Jesús hubiese revelado a  María secretos a los demás velados: 

¿Cómo es posible que le haya revelado a ella secretos que a nosotros nos ha ocultado? ¿Es que de verdad la escogió y la prefirió a nosotros.

Ante estas palabras, que hacen  llorar a María, Leví se levanta y dice: 

Simón Pedro, siempre te hemos visto fogoso. ¿Por qué volverte ahora contra la mujer. Si el  maestro la hizo digna de su corazón, ¿quién eres tú para rechazarla? En verdad el Maestro, que la conoce bien, la ha amado más que a nosotros  porque su alma ha hecho un gran viaje.

Pero es, sin duda, en el Evangelio según Tomás  —probablemente el evangelio más antiguo de los que disponemos y en el que, según los especialistas, se  recogerían de forma más precisa y exacta las palabras pronunciadas por Jesús—, donde Pedro muestra más claramente su misoginia:

Simón Pedro les dijo: ¡”Que María salga de entre nosotros, porque las mujeres no son dignas de la vida!” 

La Magdalena en los evangelios  gnósticos

La visión de  los  gnósticos en lo referente a María  Magdalena  es bien diferente. 

María Magdalena con discipulos
Altar Osnabrücker, 1370/1380. Museo Wallraf-Richartz, Colonia, Alemania. En la imagen, María Magdalena aparece como un discípulo más.

Si el Evangelio de Pedro (evangelio no canónico) se refiere a María Magdalena como “discípula” y  el Evangelio de Juan la presenta como «la apóstol de apóstoles», en El diálogo del Salvador (uno de los textos  encontrados en Nag Hammadi),  se alude a ella  como «la mujer que conocía al Todo» (alusión, seguramente, al Pléroma de los gnósticos). En la Pistis Sophia (siglos II-IV d. C.) aparece como la más perfecta, y como aquella que entiende la sabiduría de Pistis Sophia (la imagen de la Sophia inferior y consorte del Cristo cósmico). Así,  María Magdalena llegó a ser considerada, por ciertos grupos gnósticos, como  encarnación del principio divino femenino (similar a Isis, Astarté o Venus), de la misma manera que Jesús llegó a ser  una imagen del Salvador o Cristo cósmico. Juntos (Jesús y María Magdalena)  formarían un eterno hierosgamos, una unión sagrada (la conjunción de los opuestos).

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