Jesucristo y las mujeres

Jesucristo y las mujeres que le servían y seguían

Si hay que hablar de un grupo fiel al Maestro y a sus enseñanzas, este es el grupo de mujeres que seguían a Jesucristo y que no lo abandonaron ni siquiera en el momento más difícil: su ejecución pública. 

La mujer judía

Paradójicamente, las mujeres judías de la época, particularmente en Israel,  vivían en condiciones asfixiantes: fuera de su casa tenían que llevar la cara cubierta con dos velos; no les estaba permitido estudiar con un rabino; era un deshonor para un alumno de los escribas entablar conversación en la calle con una mujer… El maestro judío Rabí Eliezer (siglo I), por ejemplo, comentaba: «quien le enseña a su hija la Ley, le enseña obscenidades»En el  Talmud podemos leer: «Permitan que las palabras de la Ley sean quemadas antes de que sean entregadas a las mujeres». (Talmud, Sotah 19a). Más evidente es el testimonio de Josefo: 

Pero no permitan que el testimonio de las mujeres sea admitido, a causa de la frivolidad y descaro de su sexo, ni tampoco los sirvientes sean admitidos para dar testimonio a causa de la bajeza de su alma; debido a que sea probable que no hablen la verdad, ya sea por la esperanza de una ganancia o por temor del castigo.

(Josefo, Antigüedades de los Judíos, 4:8-15)

Según el código social, las hijas no prometidas o casadas no tenían derecho a disponer de posesiones; los padres podían vender a sus hijas como esclavas si estas no habían cumplido aún los doce años; no podían rechazar un contrato impuesto por el cabeza de familia; sus derechos religiosos estaban muy limitados (su entrada al templo estaba restringida al atrio de los gentiles y al de las mujeres)… Muchos eran los deberes de la esposa: preparar en el fuego el pan, cocinar, hilar, tejer,  moler el grano, ir a la fuente a por agua, dar de comer a las bestias, ir a comprar al mercado, ocuparse del huerto y de la educación de los hijos… Nos encontramos, por otra parte, en una sociedad que admitía la poligamia (si bien solo podía ser practicada por las capas sociales pudientes) y donde el derecho al divorcio estaba claramente de parte del marido (la mujer no podía iniciar ningún trámite).

Las mujeres que seguían a Jesucristo

 Y, con todo, según los evangelios, además del grupo de los doce, Jesús se rodeó de un grupo de mujeres que lo seguían y servían. ¿Quiénes eran estas mujeres que seguían a Jesús?  Mateo y Marcos dan el nombre de tres de ellas, si bien Marcos cambia el nombre de la tercera, pues, mientras Mateo habla de la madre de los hijos del Zebedeo, Marcos cita a Salomé:

40 Algunas mujeres miraban desde lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé. 41 Estas mujeres lo habían seguido y atendido cuando estaba en Galilea. Además, había allí muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

(Marcos 15:40-41)

55 Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

(Mateo 27:55-56)

Lucas es aún más explícito, pero lo más significativo es que, al mencionarlas como  acompañantes de Jesús, las coloca al mismo nivel que los apóstoles, señalando  que lo servían con sus bienes, lo que nos hace suponer que se trata de un grupo acomodado:

Poco después, Jesús comenzó un recorrido por las ciudades y aldeas cercanas, predicando y anunciando la Buena Noticia acerca del reino de Dios. Llevó consigo a sus doce discípulos,  junto con algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaban María Magdalena, de quien él había expulsado siete demonios; Juana, la esposa de Chuza, administrador de Herodes; Susana; y muchas otras que contribuían con sus propios recursos al sostén de Jesús y sus discípulos. 

(Lucas 8:1-3)

María Magdalena, Juana y María Madre de Jacobo…

Si ahora indagamos en algunas de estas mujeres, vemos que Juana era esposa de Chuza. Pero ¿quién era Chuza  (Khuzá o Cusa)?  Y llega la sorpresa, pues se trata de la mujer del administrador de Herodes Antipas, gobernador de Galilea, el mismo que había hecho degollar a Juan el Bautista. Resulta como mínimo extraño que  el administrador de Herodes Antipas  —al que Jesús llegó a llamar públicamente “zorro” (Lucas 13: 31-32)— permitiera a su esposa seguir a un Maestro tan radical como Jesús. Pero lo cierto —si hemos de creer a los evangelios—  es que Juana nunca abandonó a Jesús, siendo una de las mujeres que, según Lucas, regresando de la tumba de Jesús, cumple el encargo del ángel de dar a conocer a los apóstoles la buena nueva de la Resurrección:

10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

 (Lucas 24:10-12)
Jesucristo y sus mujeres

Peter Paul Rubens, Las mujeres en el sepulcro (1611-1614), Museo Norton Simon, Pasadena, Estados Unidos.

De la citada Susana, no se aporta ningún otro dato. No hay que olvidar que la ortodoxia hebrea era muy estricta en todo lo que concernía a las mujeres, y que las mismas, como hemos señalado, dependían en todo de sus padres y maridos. Este dato nos lleva a preguntarnos ¿cómo es posible que el grupo de mujeres que seguía a Jesús dispusiera de bienes propios y tuvieran la libertad de acompañar al maestro? Por otra parte, hemos señalado también  que a las mujeres no  se les permitía estudiar la Ley, pues se las consideraba intelectualmente inferiores. Sin embargo, de  los evangelios podemos deducir que Jesús no excluía a las mujeres de sus enseñanzas. Así, en Lucas 14:5-8 leemos:

5 Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 7  Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras.

Lucas 14:5-8

«Entonces ellas se acordaron de sus palabras», lo que implica que las mujeres participaban de las enseñanzas de Jesús. Seguramente, nos resulte difícil entender la transgresión que suponía tal  actitud en una sociedad donde la mujer era excluida de la vida pública. Y, quizás, a causa de tales “transgresiones”, Jesús fue acusado de comilón, borracho, amigo de pecadores y prostitutas, loco e, incluso, de endemoniado:

19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. 

(Mateo 11:19)

20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderlo: porque decían: Está fuera de sí. 

(Marcos 3:20-21)

48 Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros que tú eres samaritano, y que estás endemoniado? 

(Juan8:48-59)

Si relevante es la importancia del grupo de mujeres que seguían y apoyaban la labor de Jesús, especial importancia tiene la figura de María Magdalena, labor e importancia que fue, con los siglos, oscurecida. 

El mistero de Jesucristo

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