Esoterismo Cristiano

Esoterismo Cristiano

El cristianismo, tal como fue enseñado y vivido en sus inicios, hace aproximadamente dos mil años, ha sido con el paso del tiempo tan desvirtuado y tan sistemáticamente despojado de sus raíces esotéricas que,  hoy en día, a  muchos les  resulta como mínimo sorprendente  vincularlo con las sagradas Escuelas de Misterios de  Egipto, Persia, Grecia o Roma1. Sin embargo,  si se hace un estudio comparativo  entre  los evangelios y las religiones mistéricas, se verá claramente que el cristianismo del comienzo era, esencialmente, una Escuela de Misterios. 

   Sin pretender  ser exhaustivos, trataremos de poner de relieve algunos puntos que nos permitan comprender tal  relación, de manera que tras su ropaje  externo, podamos  vislumbrar la verdadera esencia del cristianismo, esencia que, si bien nunca se ha perdido, fue ya desde los primeros tiempos ocultada, y cuando fue posible aniquilada, por el fanatismo y la intolerancia de los seguidores del cristianismo exotérico o exterior. 

Los esenios y el Nuevo Testamento

   Muchos son los estudiosos que han puesto de relieve las estrechas relaciones entre los esenios y ciertos personajes del Nuevo Testamento, como Juan el Bautista o el propio Jesús. Y, ciertamente, no pueden negarse las concordancias. De hecho, tanto la fraternidad de los Esenios, como la de los Terapeutas (de la que el historiador Filón ha dado amplia constancia), así como las corrientes neoplatónicas  y gnósticas  que florecieron en los primeros siglos de nuestra Era (procedentes igualmente de los Misterios), están  íntimamente relacionadas con el nacimiento y desarrollo del cristianismo primitivo.

    Así, por ejemplo, advertimos que los esenios, entre otros ritos caldeos, habían heredado lo que posteriormente se conocería como eucaristía mitraica, es decir la ceremonia del pan, el vino y la sal, ceremonia que, muy probablemente, transformada  en un ritual en el que los participantes reciben el cuerpo y la sangre de Cristo, es la base de la eucaristía cristiana.

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Esoterismo Cristiano. El banquete de Mitra, bajorrelieve. Museo del Louvre (Francia). Helios y Mitra se reclinan sobre la piel del toro sacrificado. A la izquierda vemos a la Luna. En la parte baja,  Cautes ofrece un ritón a Helios. A la derecha, Cautóptes dirige el caduceo al nectar que brota de una  fuente, en la roca.

  Mitra y el cristianismo

Al respecto de la eucaristía mitraica, Justino Martir en su Apología Primera2 dice: “La cual han imitado los malvados diablos en los misterios de Mithras, ordenando que se haga lo mismo”,  sin querer admitir la evidencia de que lo que él califica de imitación eran ritos ampliamente difundidos antes de la aparición del cristianismo.

   Tertuliano, por su parte, pone de relieve las semejanzas  entre los ritos del bautismo cristiano y los de Isis y Mitra cuando reconoce: “En algunos ritos  sagrados de cierta Isis conocida o en los de Mitra, la ablución es el medio por el cual son iniciados …”  Y también al señalar que:  En los juegos Apolinares y Eleusinos ellos son bautizados; y suponen que esto tiene por efecto regenerarles y perdonarles las penas debidas a los perjurios”3.

Igualmente es significativo que el nacimiento de Mitra, al igual que el de Jesús, aconteciese el  25 de diciembre (solsticio de invierno) y que tal divinidad naciera en una gruta, de una virgen4

Lo cierto, es que en los primeros tiempos,  cada secta cristiana  atribuía una fecha diferente al nacimiento de Jesús, y solo en el año 337, el papa Julio I  impuso como definitiva la del 25 de Diciembre. Al respecto  escribe San Crisóstomo en el año 390, refiriéndose al 25 de diciembre:

“Este día también se fijó últimamente en Roma para el nacimiento de Cristo, con el propósito de que mientras los paganos  estuvieran ocupados  en sus ceremonias, (Las Brumalias en honor a Baco), pudieran los cristianos celebrar tranquilamente sus ritos”.

También la muerte y resurrección de divinidades como Tamuz en Babilonia, Mithra en Persia o Baco y Dioniso en Grecia se llevaban a cabo, al igual que las de Jesucristo, durante el equinoccio de primavera. 

Los «Misterios y sus grados»

Dirijamos ahora  nuestra atención  a los cinco grados de iniciación en que se dividían  los Misterios, y veamos  cómo  los mismos  se encuentran reflejados en la vida de Jesucristo, lo que,  por otra parte,  nada tiene de extraño, si tenemos en cuenta que Jesús fue iniciado en los Misterios esenios y egipcios. 

   La primera iniciación interna era llamada el nacimiento de Horus, y  se corresponde con el nacimiento de Jesús en Belén, según la denominación cristiana.

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El nacimiento de Horus, panel de marfil, de Arslan Tash, Siria. Civilización asiria, siglo VIII a. C. Alepo, museo arqueológico. Esoterismo Cristiano
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Isis amamantando Horus, pintura en la casa B50 de Karanis, Egipto, del siglo IV. Esoterismo Cristiano

En este primer grado, el  neófito era instruido en todo lo referente a los misterios de la muerte, debiendo pasar  por las pruebas de la tierra, agua, aire y fuego, antes de convertirse en un verdadero servidor. El candidato era conducido por tenebrosas cavernas, entre ruidos aterradores,  y rodeado de peligros que no acertaba a comprender. El objetivo de todo ello era  prepararle para  la confusión reinante en los planos del astral inferior, y despertar su discernimiento sobre las condiciones y habitantes de tales planos. Se le advertía que la  carencia de deseos era la cualidad más relevante a desarrollar a fin de poder pasar, ya sea en vida, ya después de la muerte, por tales planos inferiores de la naturaleza, pues mientras no hubiese eliminado de su cuerpo astral  la materia correspondiente a cada plano del más allá, sería  atraído por los mismos. 

   Tras salir de las tenebrosas cavernas, el candidato era llevado a un lugar más sosegado y silencioso, simbolizando con ello los planos más elevados del mundo astral.

   Lo que, en definitiva, se esperaba del candidato, en el primer grado, es que ejerciera el discernimiento y dominara sus emociones. Se trata, por tanto, de purificar la personalidad, eliminando de la naturaleza humana su pétreo egoísmo, y orientando  todo su ser, no ya hacia la materia, sino hacia el principio  espiritual latente en su propio interior, pues lo que los adeptos  buscaban era en primer lugar  despertar lo Eterno en ellos mismos. El candidato, mediante la iniciación, tomaba conciencia de las fuerzas divinas que se encuentran ocultas en el ser humano y aspiraba a la transformación que las mismas debían operar en él.

   El segundo grado (Mystoe),  se corresponde con el bautismo de Jesús. Si  el primer grado era ante todo un grado de purificación, en donde el candidato debía  esforzarse por vencer sus pasiones y emociones, el segundo se corresponde  con la idea de iluminación teniendo el candidato como objetivo el desenvolvimiento de sus facultades intelectuales, (poner orden en sus pensamientos), artísticas, (aprender que toda obra verdadera ha de ser bella, de modo que todo su ser exprese nobles y bellas emociones), y psíquicas, (aprender que en el mundo del alma no existe separación alguna, y que  el más alto ideal del candidato es servir).

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Espigas (símbolo de Demeter) talladas en un dintel, siglo I d.C., Eleusis, Grecia. Esoterismo Cristiano

En los Misterios de Eleusis, al candidato al segundo grado, se le mostraba una espiga de trigo, como símbolo del supremo misterio de Eleusis. Tanto el  trigo  como el vino, encuentran su correspondencia en la eucaristía cristiana, siendo en los Misterios, símbolos del Dios Solar, que entrega su vida para que puedan renacer las espigas y los racimos, (simbólicamente también la humanidad). 

   El objetivo esencial del segundo grado se centraba en la búsqueda del verdadero conocimiento, y en adquirir el desenvolvimiento mental  necesario  para permitir al candidato ser dueño de sus acciones.

   En este grado, el candidato tomaba clara conciencia de que el objetivo de la personalidad era servir al Ser interior. Su objetivo era, esencialmente,  vencer y dominar a la mente inferior, para desarrollar el discernimiento superior.

   El tercer grado (Epopteia)  se corresponde con lo que, en el Nuevo Testamento, se denomina la transfiguración de Jesús. En este grado, el candidato debía encontrar en sí mismo al Ser celeste, al Hombre interior, comprendiendo intuitivamente que también él era, esencialmente, uno con Dios.

El “mystoe”, después de la iniciación,  descubría lo eterno en sí mismo, trascendiendo los límites de su existencia sensible. Comprendía que, lo que sentía como Divino en él, era ya antes de su nacimiento, y seguiría existiendo tras su muerte. Comprendía también, que la personalidad no era sino un instrumento al servicio de su dios interior o, tal como  denominaban los iniciados, a la fuerza divina que resplandecía en ellos, a “su verdadero Espíritu”, por lo que se esforzaba  en colocar toda su personalidad con sus cuatro  cuerpos (físico, etérico, astral, mental), bajo  la dirección del Espíritu.

   En este grado, el candidato establecía en su sistema  un nuevo fuego serpentino. Despertaba dos corrientes de fuerza etérea que fluyen a través y alrededor de la espina dorsal: ida y píngala, lo que le permitía  dejar el cuerpo físico a voluntad  y conservar la plena conciencia en los planos superiores. Activaba el “bastón de Brahma”, el “caduceo de mercurio”, la serpiente ígnea, que se mueve a lo largo del canal medular.

   Tras serle activados  los centros de energía,  se desarrollaba ante el candidato  un drama en el que él era el protagonista, haciéndole  pasar a través de una representación simbólica de sufrimiento, muerte y resurrección de Osiris. 

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Sarcófago de la Gran Pirámide donde el candidato era enterrado durante tres días y medio. Esoterismo Cristiano

   En las iniciaciones egipcias, el candidato del tercer grado, era llevado a una gran cámara subterránea, llamada “Portal de  la muerte”, con gran número de momias. El sarcófago de Osiris, muerto por Shet-Tifón, se colocaba en el centro de la Sala de la muerte. El neófito se colocaba junto al sarcófago y los iniciados  a su alrededor. Durante el ritual, se le preguntaba al candidato si había tomado parte en el asesinato. Pese a las negativas del neófito, se le sometía a duras pruebas, después de las cuales se representaba la muerte del candidato.

   La leyenda de Osiris era sobradamente conocida en todo Egipto, tanto por profanos como por iniciados. Su dramatización se representaba en grandes ceremonias públicas de carácter similar a las  de Semana Santa en los países católicos. El punto central de la leyenda de la muerte de Osiris a manos de Shet-Tifón,  era la fragmentación del cuerpo de Osiris,  la búsqueda del cuerpo por parte de Isis, y la reconstrucción y resurrección de Osiris. En general la leyenda representa el descenso del Logos a la materia; también el descenso del alma personal al cuerpo, su resurrección de la muerte en los mundos inferiores, y su vuelta al mundo del alma.

   Se trata, por tanto, de un rito de muerte y resurrección. Luto por la muerte de Osiris, con el que el candidato se identifica, y la alegría de su resurrección simbólica.

   El candidato era así iniciado en el verdadero significado o conocimiento interno de la muerte y resurrección de Osiris;  muerte y resurrección que, salvando las distancias, la encontramos,  de nuevo, en la muerte y resurrección de Jesucristo.

   El cuarto grado (la investidura o coronación), se corresponde con la pasión y resurrección de Cristo. Se le daba al candidato  la recomendación de no alimentar  deseo alguno de venganza, estar siempre dispuesto a auxiliar a un hermano, a riesgo incluso de su propia  vida, honrar padre y madre, proteger a los débiles y ser puro y casto.

   En este grado, el candidato, después de erigir en su ser un nuevo sistema  serpentino, portaba sobre la cabeza la corona, esto es, el círculo de fuego de la Pineal. 

   En los Misterios egipcios, el candidato  era acostado y atado sobre  una cruz de madera. Entraba en trance y penetraba, con plena conciencia, en el plano astral. Su cuerpo era llevado entonces a una bóveda bajo el templo, donde era colocado en un sarcófago, quedando en él durante tres días y tres noches. Se trata de la muerte mística. Durante sus experiencias astrales, el candidato era elevado hasta “el cielo”.

   En la mañana del cuarto día, el cuerpo del candidato era levantado de la sepultura y sacado al exterior por el lado oriental de la gran pirámide, para que los primeros rayos del sol naciente lo despertaran de su letargo. El candidato se entregaba, a partir de ese momento, totalmente, al servicio de la gran obra a favor de toda la humanidad. 

El quinto grado (La comunicación con la divinidad y la felicidad de la comunicación con los seres divinos) se corresponde con la resurrección y  ascensión  de Jesucristo al cielo. El candidato alcanzaba la perfección humana, la unión con lo divino. 

   En este grado el iniciador comunicaba la Palabra al iniciado.

   Comunicar la palabra sagrada, era idéntico a comunicar el Nombre a quienes tenían derecho a recibirlo. Se trata del rito más solemne de los Misterios. El iniciado era, a partir de ese  momento, un nacido dos veces, un renacido, cuya conciencia era capaz de abarcar las esferas del alma-espíritu.

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Arquitrabe del Telesterion (la gran sala para la iniciación en los Misterios de Eleusis). En el mismo podemos ver las espigas a la izquierda y en el centro, una rosa con 16 pétalos. Esoterismo Cristiano

Después de este segundo nacimiento, el iniciado obtenía el grado de Kristóforo.

Transformase en Osiris

   Ser uno con Osiris, transformarse en Osiris, representaba el más alto grado al que un candidato podía aspirar. En el candidato del quinto grado el mito de Osiris cobra su significado más profundo: por el amor de Isis y el sacrificio de Osiris, su alma, en un principio mortal,  da nacimiento a un alma inmortal (Horus)  la cual, paso a paso progresa hacia la unificación con Osiris. El gran secreto del iniciado  radica en que él mismo redime por su propio comportamiento de vida al vástago de la divinidad, al Horus en él, su Ser interior divino. Pero, evidentemente, para poder llevar a cabo tal realización,  para poder descubrir a la divinidad en él,  previamente tenía que prepararse y purificarse a través de los diferentes grados de iniciación.

   Los Misterios en general,  y en particular tal como se impartían en las comunidades de los Esenios,Terapeutas, Neoplatónicos  y Gnósticos, constituyen las fuentes básicas sobre las que se desarrolló el cristianismo de los primeros tiempos. 

   El mismo Agustín (354-430 d.C.), pilar indiscutible del cristianismo ortodoxo, señala que:

 Lo que actualmente es llamado religión cristiana existía ya entre los antiguos y no estaba ausente en los comienzos del género humano. En el momento en que Cristo se hizo carne, la verdadera religión, que ya existía, recibió el nombre de cristiana5.

Lamentablemente, pese a estar presente ante los ojos de todos, el maravilloso camino iniciático que muestra el cristianismo interior, sigue siendo comprendido  y experimentado por una reducida minoría.

Notas

  1.  Es cierto que no pocos cristianos de los primeros siglos se muestran hostiles a los Misterios, pero igualmente encontramos testimonios a su favor. Como  ejemplo citamos a Clemente de Alejandría, quien nos dice : “Quien ha sido purificado  en el bautizo y luego iniciado  en los Misterios menores queda maduro para los Misterios Mayores, para la Epopteia o Gnosis, el conocimiento científico  de Dios”,  y a Orígenes quien además de  señalar la  existencia de una  enseñanza secreta  de la Iglesia, habla abiertamente de los Misterios.
  2. Justino Martir, “Apología primera”, vol. II, párrafo LIV y  LXII.
  3. Tertuliano, “Sobre el bautismo” vol VII, cap. V.
  4. También el  nacimiento de Horus se llevaba a cabo en el solsticio de invierno. Los antiguos  celtas por su parte encendían hogueras el 25 de diciembre en honor de su deidad Bal.
  5. Agustín, “Refractiones” I, 13;3.

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