el catarismo y los cátaros

EL CATARISMO LA RELIGIÓN DEL AMOR

Las Fraternidades del Grial, de los Cátaros y de la Rosacruz, estuvieron muy activas a lo largo de la Edad Media,  y sus influencias han incidido muy claramente en el desarrollo, tanto social como espiritual, de la Europa medieval.

EL DUALISMO CÁTARO

Para comprender la religión cátara creemos necesario tener presente dos aspectos fundamentales:

•Las raíces gnósticas de la misma, enraizadas con el dualismo maniqueo 

 y con el zoroastrismo.

• Su relación con el cristianismo romano.

La religión cátara, en cuanto que proclama la existencia de dos principios antagónicos que actúan en el mundo: el Bien y el Mal, se vincula claramente con las religiones dualistas que se desarrollaron en la antigüedad.

   Zoroastro o Zaratustra, el  iniciado que estructuró y dio forma al  mazdeísmo en el Irán de los siglos VI y VII a. C., enseñaba ya a sus alumnos la existencia de dos dioses,  de dos fuerzas opuestas que se enfrentan en el Universo: el dios del Bien o de la Luz, Ormuz, y el dios del mal o de las tinieblas, Arriman.

   El mazdeísmo enseñaba que el hombre vive en un continuo debate entre estas dos fuerzas o principios, y que es castigado o recompensado según sus propios actos. Las enseñanzas de Zoroastro  influyeron notablemente en las religiones posteriores, especialmente en el cristianismo y en el maniqueísmo.

   Manes, nacido en el año 216, en Persia, recoge la antorcha de los misterios de Zoroastro y proclama, igualmente, que en el Universo existen dos principios: el dios de la Luz y el dios de las Tinieblas o de la materia.

   Las creencias del maniqueísmo, están vinculadas al gnosticismo cristiano de los primeros siglos y, en particular, a la gnosis cristiana de Pablo.

   La religión cátara que se propagará rápidamente a principio del siglo XI por toda Europa, diferencia claramente entre el Espíritu y sus obras, y el cuerpo, creación material y, por tanto, obra de Satanás.

   No faltan fuentes históricas que permitan profundizar en los aspectos filosóficos, doctrinales y prácticos que generaban tal antagonismo. No obstante, aparte de los documentos procedentes de los archivos de la Inquisición y los tratados escritos con el fin de desacreditar a los cátaros, se conservan tres documentos estrictamente cátaros que nos ofrecen luz al respecto:

• El libro de los dos principios, manuscrito latino de los años 1260 y que es un  resumen de una obra compuesta por el doctor cátaro Juan Lugio, en 1230.

• El ritual occitano (o ritual de Lyon)

• El ritual latino.

Estos últimos (aproximadamente, del año 1250), son de gran importancia para todo lo concerniente a la liturgia cátara. A estos tres valiosos documentos cabe añadir dos evangelios apócrifos que ejercieron una clara influencia en las formulaciones doctrinales de los cátaros:

• La Cena Secreta o Interrogación de Juan, escrito  transmitido por los bogomilos  hacia 1190 y que tuvo especial importancia entre los cátaros franceses e italianos, y

• La Ascensión de Isaías, antiguo texto búlgaro usado entre los bogomilos.

El libro de los dos principios, aboga por un dualismo creador que se asienta en  la existencia de dos órdenes de realidades opuestos: la realidad espiritual, invisible y eterna, y el mundo visible, temporal, en el que reina la maldad y la destrucción.

Paloma de la luz. Detalle del monumento a los cátaros, Minerve, Francia.
“Paloma de la luz. Detalle del monumento a los cátaros, Minerve, Francia.

Los cátaros no podían  concebir que un Ser único, sabio y bondadoso, haya podido crear al mismo tiempo ambos órdenes de existencia, por lo que presuponen la existencia de dos creadores distintos y opuestos: el primer orden de existencia  sería creación del Dios Bueno o Dios Legítimo, mientras que este mundo material se consideraba obra del Dios Malo.

   El principio creador del Mundo (el Dios malo), es co-eterno del Dios Bueno, mas no es un Dios verdadero. Es el Príncipe de  este Mundo, el Príncipe de las Tinieblas, mas no tiene la existencia absoluta que solo el Dios verdadero posee.

   Frente a este dualismo absoluto, otros sectores del catarismo abogan por un dualismo moderado,  considerando  este mundo como obra de Satanás o Lucifer, quien en su caída, su rebelión contra su creador, arrojó a las almas a la “tierra del olvido”, el mundo de la materia, en el que el alma pierde el conocimiento de su origen y esencia.

   Para los dualistas moderados,  solo el Cristo es el Creador, puesto que él es Dios, Pero Lucibel, el príncipe de la guerra y las calamidades, “no ha creado, pero ha transformado al mundo, imagen grosera y terrestre del mundo perfecto y celeste”.

   En ambos supuestos, según la concepción cátara, no hay más infierno que el de este mundo. El hombre participa, por su alma, del Reino del Espíritu, y por su cuerpo del mundo del Dios malo. La salvación se llevaría a cabo mediante la unión del alma con el Espíritu. Tal unión solo podría llevarse a cabo mediante el bautismo  instituido por Cristo y transmitido sin interrupción por los Apóstoles: el bautismo de fuego,  la efusión del Espíritu Santo por aquellos que lo poseen, a través de la imposición de manos.

EL “CONSOLAMENTUM” O BAUTISMO DE FUEGO. EL CATARISMO

El bautismo de fuego, o de la Luz, era el principal sacramento cátaro, y, según sus concepciones, el verdadero bautismo del Cristo.

Una de las palomas (cátara) encontrada en Montségur.
Una de las palomas (cátara) encontrada en Montségur.

Tanto El ritual occitano (o ritual de Lyon) como El ritual latino, describen ampliamente el bautismo de fuego bajo el nombre de Consolamentum o bautismo espiritual. A través de él,  se realiza una verdadera unión mística entre el alma prisionera del cuerpo y su Espíritu.

   El Consolamentum lo recibían  los  novicios en el momento de ser  ordenados,  tras una estancia de tres años en una casa de Perfectos, en los que se les preparaba en las enseñanzas y en la  práctica de las estrictas reglas de vida. 

   En el Ritual Occitano leemos al respecto:

Si queréis recibir este poder y fortaleza, es preciso que guardéis todos los mandamientos de Cristo y del Nuevo Testamento según vuestro poder. Y sabed que ha mandado que el hombre no cometa ni adulterio ni homicidio, ni mentira, que no jure ningún juramento, que no robe ni desole, que no haga al prójimo lo que no quiera que se haga con  él, y que el hombre perdone a quienes le hayan hecho daño, que ame a sus enemigos, y rece por sus calumniadores y por sus acusadores y los bendiga, y si se le roba la túnica , que dé también el manto; que no juzgue ni condene, y muchos otros mandamientos.

La ceremonia de ordenación se desarrollaba en presencia de otros Perfectos. Tras el intercambio de frases rituales, el oficiante colocaba el Nuevo Testamento sobre la  cabeza del neófito y ponía sobre él su mano derecha para llevar a cabo el Consolamentum o bautismo espiritual. Pero antes de poder recibir el Consolamentum, el novicio debía pasar por un periodo de trabajo y rigurosa ascesis  conocido bajo el nombre de endura.

LA “ENDURA”

El verdadero sentido de la “endura” ha sido, ciertamente, mal comprendido, acusando a los cátaros de entregarse al suicidio. Nada más lejos de la realidad. La “endura”, ciertamente representa la muerte, pero no de la personalidad, sino la aniquilación  de  lo impío en el ser, en el microcosmos,  y la santificación de todo el sistema. La base fundamental de tal trabajo era apartarse del mundo  para consagrarse por entero a Dios, y purificar el cuerpo mediante una dieta estrictamente vegetariana.

   También los simples creyentes, en caso de grave enfermedad, podían recibir el Consolamentum, lo que no significaba que se les abrieran automáticamente las puertas celestes, sino que podían ser perdonados.

   Una vez que los novicios eran consagrados, convirtiéndose en Perfectos o Perfectas, debían  vivir y desplazarse, de dos en dos, predicando y ejerciendo alguno de los oficios aprendidos en su estancia comunal.

   Veamos ahora el segundo aspecto del catarismo que hemos mencionado: su relación con el cristianismo romano.

EL CATARISMO LA RELIGIÓN DE LOS “BUENOS HOMBRES”

La religión de los “Buenos Hombres”, en un primer momento, se desarrolla dentro del seno de la Iglesia Católica Romana, pues, si bien los cátaros no asumían en su totalidad los dogmas cristianos y rechazaban el Antiguo Testamento,  reivindicaban el cristianismo primitivo, proclamando un desprendimiento total de la materia, encarnación del mal,  y un decantamiento  hacia un ascetismo riguroso, que implicaba, entre otras cosas, ser vegetariano, abstenerse de deseos carnales, renuncia total a los bienes materiales, y entrega absoluta al Cristo interior.

   Es evidente que un posicionamiento tan radical, atrajo pronto las sospechas de la ortodoxia Católica. Se produce con ello una segunda fase en la que la religión cátara es vista como un peligro para el futuro de la Iglesia Católica Romana, y en la que, durante cerca de un siglo, el catarismo se desarrolla paralelamente, pero al margen del cristianismo romano.

El catarismo. Berruguete, Auto de fe presidido por Domingo de Guzmán, 1493-94. Museo del Prado, Madrid
Berruguete, Auto de fe presidido por Domingo de Guzmán, 1493-94. Museo del Prado, Madrid.

La tercera fase, la constituye, la cruel y fanática persecución a la que fueron sometidos los “Buenos Hombres”, los “Puros”, o  “perfectos”, término utilizado por los católicos romanos para burlarse de los que consideraban sus adversarios.

   En el año 1.165, se celebra cerca de Albi el concilio de Lombers, última tentativa de acercamiento entre cátaros y católicos romanos. Sin embargo, el concilio resulta un verdadero fracaso y, a partir del mismo, la Iglesia de Roma, toma la decisión de extirpar por las armas la religión cátara, considerada como herejía, y una verdadera amenaza para la unidad de la Iglesia Católica Romana.

El mistero de Jesucristo

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